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Ocho millones de personas, 36,000 millones de pesos y una pregunta incómoda: ¿cómo se mide una ciudad en fiesta?

hace 14 horas
4 min de lectura

El 3 de noviembre de 2026, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, presentó el balance de diez días en los que coincidieron las celebraciones de Día de Muertos y el Gran Premio de México de Fórmula 1: cerca de ocho millones de asistentes, una derrama económica de 36,000 millones de pesos y saldo blanco.

Son cifras que cualquier director comercial, de operaciones o de tecnología quisiera tener de sus propios eventos. También son una oportunidad para hacerse la pregunta que separa un reporte de una medición: ¿cómo se llegó a esos números y qué decisiones permiten tomar? Un evento de este tamaño es, antes que cultural o turístico, un ejercicio de datos a escala urbana.


Lo que se reportó

Según la información difundida por el Gobierno capitalino y recogida por medios nacionales, el Gran Desfile de Día de Muertos del 31 de octubre reunió a 1.6 millones de personas, con unos 4,000 participantes en 47 proyectos culturales. La Catrina Monumental del Zócalo, que superó los 33 metros y obtuvo la certificación del Récord Guinness, recibió a 1.6 millones de visitantes en cuatro días y se mantendrá hasta el 11 de noviembre. El Gran Premio registró 405,000 asistentes en el Autódromo Hermanos Rodríguez, lo que lo ubica como la cuarta sede con mayor afluencia del calendario.

La capa tecnológica estuvo presente de varias formas. Se anunció un espectáculo nocturno de drones en el Bosque de Chapultepec, y la Fórmula 1 habilitó una ofrenda digital en la que los aficionados suben una fotografía y dedican una luz virtual a un ser querido. En paralelo, las guías para crear altares con herramientas de inteligencia artificial circularon ampliamente. Todo eso genera huella de datos, que es justamente la materia prima para medir un evento.


Lo que las cifras no dicen

Hay cuatro puntos que conviene leer con cuidado antes de usar estos números como referencia.

Asistencias no son personas. Ocho millones de asistencias durante diez días pueden incluir a la misma persona en varios eventos. Para efectos de planeación, la diferencia entre visitas y visitantes únicos cambia por completo el cálculo de gasto por persona.

La derrama mezcla dos eventos. La cifra de 36,000 millones de pesos corresponde a Día de Muertos y Fórmula 1 en conjunto, por lo que no permite saber cuánto aportó cada uno. Dividirla entre los ocho millones de asistencias da, como cuenta aproximada y propia, unos 4,500 pesos por asistencia, un promedio poco útil porque el gasto de un aficionado de F1 y el de una familia en un desfile gratuito no se parecen.

El método no es visible. En la cobertura revisada no se detalla cómo se contó la asistencia ni cómo se estimó la derrama. Dos eventos distintos, el desfile y la Catrina, reportaron la misma cifra redonda de 1.6 millones. Eso no indica error alguno, pero ilustra por qué un número sin método es difícil de comparar o de auditar.

Las cifras son estimaciones oficiales. Así se presentan, y así deben tratarse hasta que se conozcan sus fuentes.


Cómo se mide un evento de este tamaño

Las organizaciones que miden eventos masivos suelen combinar fuentes en lugar de depender de una sola: entradas y salidas en transporte público, transacciones con tarjeta y pagos digitales, ocupación hotelera, consumo de energía o conectividad en zonas específicas, y datos agregados y anonimizados de redes móviles. Esta última fuente, usada en distintos países para estimar afluencias, exige cumplir con la LFPDPPP y con criterios estrictos de privacidad, porque se trata de información sobre personas. No hay en el material revisado una indicación de cuáles de estas fuentes se utilizaron en la Ciudad de México.

La inteligencia artificial entra en dos momentos. Antes del evento, con modelos de pronóstico que comparan años anteriores, calendario y clima para anticipar picos. Durante el evento, con detección de anomalías que alerta sobre aglomeraciones o cambios abruptos en flujos. Antes de la temporada se publicaron previsiones, como los dos millones de visitantes esperados en el Bosque de Chapultepec, pero no encontré un resultado comparable, y esa comparación entre lo previsto y lo ocurrido es la que permite mejorar el siguiente pronóstico.


Aplicaciones prácticas para líderes de negocio

Definir las métricas antes del evento. Decidir con anticipación qué se medirá, con qué fuente y con qué línea base evita justificar cifras al final.

Distinguir visitas de visitantes únicos. Si el objetivo es entender gasto o fidelidad, la unidad de análisis debe ser la persona, no la asistencia.

Separar efectos cuando coinciden eventos. Con una fecha compartida entre dos fenómenos, se necesita un periodo de comparación sin el segundo evento, o un grupo de control, para atribuir el resultado.

Contrastar el pronóstico con el resultado. Cada temporada genera un conjunto de datos para ajustar el modelo siguiente, siempre que se registre lo previsto además de lo ocurrido.

Instrumentar fuentes propias. Comercios, hoteles, operadores de transporte y restaurantes no deberían depender únicamente de cifras agregadas oficiales: sus propias transacciones son la medición más cercana a su negocio.


Conclusión

El balance de la Ciudad de México muestra que la tradición, el turismo y el deporte pueden convocar a millones de personas en pocos días. Lo que determina si esa convocatoria se convierte en aprendizaje es la calidad de la medición detrás de las cifras: qué se cuenta, cómo, con qué comparación y para qué decisión.

Supuesto que, de ser falso, cambiaría esta lectura: que el Gobierno capitalino haya documentado y publicado el método de conteo y de estimación de la derrama. Si lo

hizo y no apareció en la cobertura revisada, varios de los reparos de este artículo se atenuarían, aunque la recomendación de medir por fuente propia se mantiene.




 
 
 

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